‘La corrispondenza’, amor en pantalla

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El siciliano Giuseppe Tornatore saltó a la fama con su segundo film, Cinema Paradiso (1988) Oscar a la Mejor Película Extranjera, y es sin duda el director italiano con mayor proyección internacional. El 8 de julio se estrenará en España su última obra, La corrispondenza, aquí titulada Te querré siempre, protagonizada por Jeremy Irons (High Rise) y Olga Kurylenko, una de las pocas chicas Bond que ha mantenido una carrera en la gran pantalla.

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El catedrático de astrofísica Ed Phoerum (Irons) y su alumna Amy Ryan (Kurylenko) tienen un apasionado romance secreto, truncado por el súbito fallecimiento de Ed por un cáncer que había ocultado a todos. Devastada, Amy comienza a recibir cartas, SMS y DVDs preparados por Ed antes de morir, y que le son enviados en un riguroso orden preestablecido. Este Ed digitalmente resucitado ayudará a Amy a sortear los traumas de una vida marcada por su arriesgada profesión (es doble de cine en escenas peligrosas) y un terrible sentimiento de culpa por haber causado una tragedia años atrás.

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Tornatore repite la fórmula del drama romántico que tan buenos resultados le dio en 2013 con La mejor oferta. Como en aquella, La corrispondenza presenta una relación entre un hombre maduro y una mujer joven, pero si La mejor oferta se basaba en una buena trama policial de estafas y engaños, aquí la peculiaridad radica en la ausencia negada por la tecnología, el amado que resurge periódicamente en forma de mensajes de texto y capturas de video. Pero el arranque, aunque novedoso, solo sorprende al principio, después las sucesivas llamadas y paquetitos hacen que este amor acabe pareciendo un cursillo por entregas.

Irons también retoma el personaje de amante talludito y levemente distante, que ya interpretara en la excelente Herida y en títulos posteriores como La Caja China o Tren Nocturno a Lisboa. Pero el verdadero peso del film recae en Kurylenko, belleza eslava de labios carnosos que abandona el registro exótico-sensual y se desata actoralmente con llantos, derrumbamientos y desgarros varios. El problema está en un guión trufado de tópicos (el pasado oscuro, la sensatez de la edad, la bondad de la reconciliación) que culminan en un desenlace soso a más no poder.

Tornatore firmó sus mejores obras en la tradición de la comedia neorrealista de posguerra, melodramas muy imbricados en la reciente historia italiana, con estrecheces vitales y un aliño, quizás simplista pero efectivo, de ternura y humor meridional. Y nada de eso aparece en esta La corrispondenza filmada en el frío Edimburgo.

Sobre el autor del artículo

Marc Sanchís

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