La Forma del Agua llegará a las salas de España el 16 de Febrero y ya hay quien espera con ansias la nueva película de Guillermo del Toro, mexicano afincado en Estados Unidos que ha mostrado también su interés por la historia española, concretamente la Guerra Civil, en largometrajes como El espinazo del diablo y El laberinto del fauno. Y es que lo nuevo del mexicano ha venido pisando fuerte y ya ha ganado un Globo de Oro y un León de Plata en el Festival Internacional de Venecia.

Situada esta vez en la Guerra Fría alrededor del año 1963, la película empieza narrándonos la metódica vida de una mujer de la limpieza solitaria llamada Elisa Esposito (Sally Hawkins). Vemos sus hábitos, sus escasas relaciones (un vecino homosexual interpretado por Richard Jenkins y una compañera de trabajo a la que se encarga de dar vida Octavia Spencer) y sus dificultades para relacionarse con el mundo, pues una de sus particularidades es que es muda. Otra curiosidad es que no trabaja en un sitio cualquiera, sino en unas instalaciones del gobierno norteamericano donde se guarda información y material secretos. Cierto día, traen una criatura acuática del Amazonas con la cual la protagonista establece un vínculo muy fuerte.La Forma del Agua

Sin embargo, no todo el mundo comprende a la aberración y tanto rusos como norteamericanos tratan de que la criatura no caiga en manos de los otros, cosa que podría facilitar un progreso tecnológico y, por ende militar, del enemigo. Pero la mujer de la limpieza hará todo lo posible por impedirlo…

Como suele ocurrir con cualquier película, podríamos clasificar La Forma del Agua bajo la protección de un solo género pero siempre hay varios géneros que se combinan. En este caso en concreto podemos apuntar que es de aventuras, lo cual es cierto. Pero también es una película de fantasía, de suspense o de reflexión. Todos estos géneros propician una historia de amor con un final que no adelantaremos por respeto a nuestros lectores.

Lo que más destacaríamos a nivel intelectual es esa necesidad tan humana de comunicarse ante cualquier circunstancia. Como vemos en la película, una chica muda y un hombre anfibio llegan a comunicarse a través de signos e, incluso, enamorarse. Es una bella parábola que podríamos aplicar en este mundo nuestro cuyo mal, entre otros, hoy y siempre, ha sido la falta de entendimiento entre unos y otros.

Resumiendo, la cinta es entretenida y combina múltiples géneros para crear un trabajo redondo con algún que otro gazapo que el espectador perspicaz encontrará. Desde Diario del Cineasta recomendamos sin dudarlo lo nuevo del de Guadalajara.

Sobre el autor del artículo

Andrés Varela

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