«The Young Pope»: Habemus Papam

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Imaginad un Papa de 47 años que está bueno y lo dice, que desayuna Coca-Cola Cherry, suelta un canguro en los jardines del Vaticano, escucha a Daft Punk y fuma, que un tal prodigio pudiera jamás acaecer en la venerable Santa Sede.

Esta es la sugerente premisa de The Young Pope, serie de 10 episodios dirigida por el italiano Paolo Sorrentino que se presentó en la última Mostra de Venecia y aterrizará en España en enero próximo como muy tarde -aún no hay fecha definitiva-. Sorrentino se dio a conocer aquí en 2011 con This must be the place protagonizada por Sean Penn, pero la consagración le llegó en 2014 con La gran belleza, que obtuvo el Oscar a la mejor película de habla no inglesa. The Young Pope es una coproducción de HBO, la española MediaPro y el programa Eurimages; estas uniones suelen parir aguachirris a medio camino entre la “intelectualidad” europea y el “entertainment” americano (sí, simplificamos, de ahí las comillas); un buen ejemplo actual es Los Medici con Dustin Hoffman más unos jovenzuelos monos y sosos en una Florencia de cartón piedra.

the young pope

Pues bien, The Young Pope, aunque rodada en inglés y encabezada por las estrellas Jude Law y Diane Keaton, no es nada de eso. Inequívocamente romana, arquitectural, bella, pausada, alérgica a la cámara en mano o el retoque digital. Sorrentino es un esteta que ha declarado no ver la razón para no filmar un plano bonito, y la serie rebosa planos bonitos, oníricos, con ecos de Peter Greenaway y los espacios severamente melancólicos de las pinturas de De Chirico. Pero al mismo tiempo asume y reinterpreta la mala baba anticlerical de Buñuel, la sátira de Fellini y el feísmo de Marco Ferreri combinados con aquel cartel de Benetton de un cura y una monja guapísimos al borde extático de un beso.

También es un drama político sin nada que envidiar a House of Cards, lleno de maquinaciones, chantajes y diálogos afiladísimos; no sorprende que la colaboración del Vaticano haya sido, asimismo en palabras de Sorrentino, “amistosamente nula”.

ACTUACIÓN

Jude Law es el ficticio Papa Pío XIII, elegido contra pronóstico a pesar de su juventud y falta de antecedentes, un perfecto desconocido a quien todos, empezando por el Secretario de Estado cardenal Voiello, conspirador nato y fanático de Maradona y las tetas grandes, creen podrán manipular a su antojo. Pero el nuevo pontífice se revela como un reaccionario que se niega a viajar, a ser entrevistado o incluso fotografiado, que se dirige de noche a los ateridos fieles en una plaza de San Pedro a oscuras para recriminarles ser indignos de Él y que abomina de una Iglesia conciliadora que ya no da miedo. Naturalmente, este giro medieval en pleno siglo XXI hará saltar todas las alarmas.

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Law está magnífico; malo, esquivo, adulador, autoritario… y coproductor de la serie. Acertada decisión de alguien que trabajó con Scorsese, Eastwood y Spielberg pero cuya carrera flojeaba; con este papel felizmente anómalo sin duda se ha reinventado como actor. Además de Keaton, que por una vez abandona sus comedietas geriátricas, hay que destacar a la francesa Ludivine Sagnier, al italiano Silvio Orlando como un tremendo cardenal Voiello que ve socavado su poder, y al atormentado monseñor Gutiérrez de Javier Cámara. Este elenco multinacional y multilingüe funciona con precisión de reloj en el universo a la vez terso y tenso, hermoso y fatal, sensual y político, creado por Sorrentino.

Definitivamente, en esta Roma de Pío XIII nunca fue más cierta la sentencia de Jesucristo (Mateo 10:34) “no vine a traer la paz sino la espada”.

Sobre el autor del artículo

Marc Sanchís

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