LO QUE HACEMOS EN LAS SOMBRAS

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CHUPASANGRES DESCACHARRANTES

Esta película neozelandesa se presentó en Sundance y en Sitges 2014 y aún puede verse en un cine de Barcelona en sesión única (o en DVD). Lo que hacemos en las sombras está filmada como un falso documental o, por emplear el término anglosajón, mockumentary (como Modern Family) y es una originalísima comedia sobre vampiros (mal)viviendo en un caserón de Wellington, Nueva Zelanda.

Viago (Taika Waititi) Deacon (Jonathan Brugh) Vladislav (Jemaine Clement) y Petyr (Ben Fransham) encarnan distintos arquetipos de los no-muertos; Viago es un señorito al estilo del interpretado por Tom Cruise en Entrevista con el Vampiro, Vladislav un zíngaro fanfarrón sacado de la tropa gitana de Drácula, mientras que Petyr es un calco fosilizado de Nosferatu.

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Mandan los cánones que los vampiros no puedan ser fotografiados, mucho menos filmados, pero estos cuatro inadaptados nos descubren su intimidad ligando en un after vestidos a la moda de 1750, peleándose con Internet o escapando de los policías más ineptos posibles. Lo que hacemos en las sombras pisotea jocosamente los momentos vampíricos más icónicos: ver a Viago ponerse perdido -y el sofá, y la alfombra- de la sangre disparada del cuello de su víctima sin encontrar la postura adecuada para chupársela, o a un vampiro novato chocar una y otra vez contra la ventana porque se empeña en entrar volando y aún no ha aprendido es desternillante. También se chotea de los archienemigos licántropos pasándose por el forro la ampulosidad de las sagas Crepúsculo y Underworld, y de la esclava humana de Deacon, que ansía ser mordida para iniciar la maléfica vida eterna… sin dejar de ser ama de casa.

Hablamos de una producción modesta de un país pequeño con una distribución clandestina, pero que se halla muy por encima de las burdas parodias del tipo Abrahams/Zucker/Mel Brooks, con unos efectos especiales notables por su eficacia e inmediatez -ni píxeles ni cromas- y un guión repleto de guiños a todos los clichés del cine de terror. En definitiva, tal vez el sofá de casa sea el espacio idóneo para visionar Lo que hacemos en las sombras. Como en toda comedia, habrá quien no le encuentre la gracia, aunque le da un meneíto a un subgénero que parecía agotado.

Sobre el autor del artículo

Marc Sanchís

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