Cine infantil y adiestramiento [Parte 3]: el Espectador y su reflejo.

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¿Ha intentado el cine formar una generación moldeada de una forma específica?

CINE INFANTIL Y ADIESTRAMIENTO/ PARTE 3:

el Espectador y su reflejo.

El espectador, lejos de ser un ser pasivo, que se limita a contemplar una serie de imágenes sin formar parte de ellas, es un elemento clave en todo lo que sucede en la pantalla, ya sea de cine, televisión, o incluso en un ámbito dramático, del mismo modo que interactúa cuando se sitúa delante de un cuadro. Las acciones, planos, secuencias, textos… en pantalla todo se construye teniendo muy en cuenta la visión que tendrá el visor.

La identificación y proyección personal sobre los personajes de la obra es mucho más fuerte en la televisión y el cine que en el teatro. De hecho, desde que surgió la televisión, mucha gente la prefiere a desplazarse al lugar de la representación. No tiene tanto que ver con el hecho del propio desplazamiento, o de algún coste adicional, sino más bien con la percepción que se tiene en cada lugar. En vivo, el punto de vista es único, mientras que desde casa, en la televisión, y el cine, el relato se es transmitido desde varios puntos de vista, cambiando el plano de visión y el encuadre, ofreciendo una experiencia que en vivo no sería posible.

La película funciona, si logra cautivarte. Y para ello, el cineasta necesita que te identifiques con uno de los personajes, de modo que quieras saber qué le depara el futuro. Muy extraño es el film que tiene éxito cuando un protagonista cae mal al público (por ejemplo, la odiada protagonista de la serie True Blood). La identificación no tiene que ser única.

No es difícil que en el cine alguien se sorprenda porque simpatiza con el verdugo, encuentra agradable al ‘malo’, o se siente atraído por un personaje secundario pero enigmático. Las proyecciones/identificaciones […] son ‘polimorfas’, se manifiestan de una forma fluida, intercambiable y ambivalente…”

Como el niño situado frente al espejo, el espectador sólo se puede constituir como sujeto vidente reconociéndose en otro […], es decir, percibiéndose como objeto”

Arlindo Machado, en su libro El sujeto en la pantalla. La aventura del espectador, del deseo a la acción.

No sería nada raro, ya que nadie puede dudar que Maléfica tiene más fans que la princesa Aurora.

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El proceso es muy interesante, ya que el identificarnos y proyectar un yo en uno de los personajes de la pantalla, implica un autoconocimiento inconsciente. De un modo Freudiano, el subconsciente actuaría en este proceso.

Volviendo a la mecánica de identificación, podemos apreciar una personalización primaria, con la propia mirada, que estará marcada por la forma en la cual la imagen se ofrece. Estará controlada por el cineasta.

La identificación secundaria también tiene un componente Freudiano. La experiencia se relaciona con el “complejo de Edipo”, no como el deseo sexual hacia la madre, sino como la envidia, el deseo a ser el progenitor, para obtener lo que él tiene.

Según el análisis lacaniano, el yo es una función imaginaria que se define por identificación con un ‘otro’. En definitiva, el yo no está centrado en el sujeto, no es una unidad unívoca, sino el resultado de una maraña de identificaciones, de un movimiento de proyecciones poco coherente y muy conflictivo”.

Por lo tanto, el yo va sufriendo un proceso cambiante, mediante identificaciones sucesivas, adaptaciones y apariencias. ¿Quién no ha empezado la película apoyando a un personaje, para acabar odiándolo y simpatizando con otro? Los giros del guión pueden hacer que el espectador pase de A a B rápidamente, como en el caso de La Ventana Indiscreta, película basada en el libro homónimo de Stephen King.

El yo se construye por engaño, ya que el espectador experimenta en lo más básico de su mente el miedo a la exclusión grupal, y necesita formar parte de lo que ocurre en escena, viéndose atrapado por ella, de un modo impotente, debido a que no puede hacer nada para cambiar lo que pase en pantalla o escena.

Jacques Rancière, en su libro El espectador emancipado, nos habla en un punto de la imagen pensativa de este modo:

“La expresión ‘imagen pensativa’ no es algo que se da por descontado. Son los individuos lo que uno califica […] de pensativos […] aquel que está pensativo está ‘lleno de pensamientos’, pero eso no quiere decir que los piense. En la pensatividad, el acto del pensamiento parece ser capturado por una cierta pasividad”

“La pensatividad designaría así un estado intermedio entre lo activo y lo pasivo”

El hecho de considerarnos espectadores pasivos o activos podría  marcar la diferencia ante el grado de influencia efectuada en nosotros. Podemos dejar que pongan las ideas y pensamientos en nosotros, o cribarlas, analizarlas y trabajar sobre ellas, sin dejar que todas se asienten.

¿Y cómo afecta esto en los niños? Lo veremos en la siguiente parte:

CINE INFANTIL Y ADIESTRAMIENTO/ PARTE 4:

Construcción del yo en los niños.

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Fuentes:

MACHADO, Arlindo. El sujeto en la pantalla. La aventura del espectador, del deseo a la acción / Gedisa Editorial. Sept 2009. 222p. ISBN: 978-84-9784-193-1 [pág. 99].

RANCIÈRE, Jacques. El espectador emancipado. Recurso electrónico. Publicador: Aisthesis. 2011. Enlace: http://es.scribd.com/doc/129962651/Jacques-Ranciere-El-espectador-emancipado [consulta: 01-07-2014] [Pág. 85]

 

*Este artículo es un resumen/extracto del trabajo de libre investigación titulado

«El cine y su influencia en la creación de ideología mediante manipulación en la infancia»

por Agustín Carro Faustino. Llevado a cabo en Universidad Europea de Madrid en 2014.

Puede leerse la fuente original (que contiene la misma información, extendida) aquí.

Sobre el autor del artículo

Agustín Carro
Agustín Carro

Chico andaluz estudiando en California. Hago Arquitectura y Bellas Artes. Me apasiona el cine, devoro películas y series, y espero daros lo mejor.

También me podéis encontrar en el Equipo de Rincón del Músculo.

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