El arte de hacer un buen tráiler

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En este mundo hay varios tipos de personas cinéfilas: las que quieren que la películas les sorprenda al 100%, y aquellas que prefieren asegurarse de que lo que van a ver merece la pena. ¿La diferencia entre ambas? Sólo las segundas necesitan el tráiler.

Los primeros tráilers los producían las propias salas de cine. Iban destinados a vender, el cine comenzaba a ser un buen negocio que tenía que atraer clientela para no morir. El primer tráiler sonoro fue de la película The Jazz Singer.

Dando un gran salto al cine reciente, muchas eran las ocasiones en las que se oía la frase «¡El tráiler es mejor que la película!» o «Deberían contratar a quien hace los tráilers para que edite la película«, razón de que estaban funcionando. Los tráilers nos creaban expectativas y nos hacían querer ir al cine a consumir el producto.

Como ejemplo podemos ver los tráilers de El Gran Gatsby, El Atlas de las Nubes o Interestellar. Nos cuentan un argumento mínimo, con imágenes explosivas. Nos transmiten la esencia de la película, pero sin darnos a probar el pastel. Funcionan.

No obstante, en los últimos años el cine se ha potenciado a un nivel desmesurado. Hollywood escupe películas a un ritmo colosal, y la intención de recaudar el máximo dinero posible a costa de invertir en efectos especiales en lugar de en guionistas es demasiado obvia en muchos casos. Un ejemplo de esto puede ser el film Maléfica, película llena de incoherencias donde Disney intenta lavarse la cara de los mensajes machistas que han surgido en la última década sobre su película de animación La Bella Durmiente, de 1969, en lugar de aceptar su pasado y contextualizarlo.

Los tráilers han sufrido un deterioro similar. Se han fusionado alarmantemente con la parte publicitaria de la película, y desvinculado de la creativa. Es decir, tenemos películas que intentan romper las reglas, y tráilers que siguen la filosofía del escaparate, en lugar de hacer un buen advertising. Cuando, como hemos dicho, esto lo hacían las propias salas de cine, era menos grave. Ahora, una productora que invierta tal cantidad de dinero en efectos especiales, actores famosos, y a veces en guionistas que den mensajes potentes, debería cuidar mucho en cómo vende su producto, en lugar de intentar exprimir la mercadotecnia pre-estreno de un modo tan irresponsable.

Explotar un producto cinematográfico antes de estrenarlo no da más que spoilers y pérdida de espectadores.

Veamos algunos ejemplos:

JURASSIC WORLD

La productora sabía que lo que tenía entre manos iba a ser un éxito en taquillas. Los primeros tráilers de Jurassic World fueron perfectos: nos decían lo mínimo para que tuviésemos nuestro dinero en la mano antes de acabar de visualizarlos. Imágenes breves pero cautivadoras, con la clásica música que todos conocemos tocada a piano. La gran novedad del film fue el dinosaurio híbrido (InDominus Rex). Los foros y redes discutían sobre este nuevo dinosaurio, qué aspecto tendría, qué material genético habrían usado…

Antes del estreno, cometieron el error: lanzaron un tráiler en el cual se veía a este dinosaurio perfectamente, además de contarnos varias muertes del parque (Simon Masrani diciendo que está aprendiendo a pilotar un helicóptero y el helicóptero estrellándose, como una sutil).

 

MINIONS

Otro esperado estreno. Los fans de los minions son muchísimos (y su mercadotecnia alcanza límites que empiezan a ser absurdos). El tráiler, no obstante, nos revela de la trama más de lo que quisiéramos.

Los Minions siguen a villanos. Encuentran a una villana que les encanta. La villana se vuelve contra los minions. De hecho, la longitud del tráiler nos indica que no podemos esperar más argumento, ya que la película no es tan larga.

Tras verlo algunos aún concebirán que hay mucho más detrás de él. La verdad es que no, no hay ningún giro argumental que desmonte lo que vemos en el tráiler (no como en el caso de El Libro de la Vida, donde la historia que nos crea hábilmente el tráiler es distinta a la que vemos en pantalla).

 

CONCLUSIÓN

¿Qué queremos ver en el cine? ¿Qué queremos ver en el tráiler? La experiencia cinematográfica se pierde enormemente si nuestro cerebro ya espera que pase lo que ve, porque sabe que va a tener lugar. ¿Os podéis imagina un tráiler de la película Hard Candy, que nos desvele el drástico e inesperado giro argumental que sucede a poco de empezar?

Hacer un buen tráiler es una gran labor de marketing y publicidad. Pero si se hace mal, se mata el espíritu de los verdaderos cinéfilos, a quienes se les arruina la experiencia de vivir la trama.

Al hacer un tráiler, muchos parecen no recordarlo: insinuar es mejor que mostrar. Enseñarlo todo no es elegante.

Sobre el autor del artículo

Agustín Carro
Agustín Carro

Chico andaluz estudiando en California. Hago Arquitectura y Bellas Artes. Me apasiona el cine, devoro películas y series, y espero daros lo mejor.

También me podéis encontrar en el Equipo de Rincón del Músculo.

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