Estamos en 1870. Jay Cavendish (Kodi Smit-McPhee, Déjame entrar, El Amanecer del Planeta de los Simios) cabalga a través de América en busca de su amada Rosie, que huyó de la Escocia natal de ambos por una acusación de asesinato. Jay es un adolescente idealista, enamorado y absolutamente ignorante de los peligros que le acechan en un muy Salvaje Oeste poblado de indios, pistoleros y forajidos varios. Hasta el momento, ha conseguido adentrarse en el territorio de Colorado sin un rasguño, pero cuando un soldado borracho que caza cabelleras por deporte le apunta con su arma aparece Silas Selleck (Michael Fassbender, Malditos Bastardos, 12 Años de Esclavitud) y le salva. Silas es un cazarrecompensas huraño y taciturno que se ofrece a guiar al joven hasta su destino, aunque ni su intervención ni su oferta son del todo altruistas…

Slow West 3

Así arranca Slow West (Oeste Lento en castellano), ganadora del último festival de Sundance. Fassbender es el coprotagonista y coproductor de esta hermosa y curiosa película, debut en la realización de John Maclean. Ambos habían colaborado anteriormente en dos cortos y Fassbender, estrella en fulgurante ascenso, decidió apostar por un proyecto tan poco convencional, de igual modo que hizo Charlton Heston en 1965 con otro debutante, un tal Sam Peckinpah, también con un western (Mayor Dundee). No obstante, la película que viene a la mente tras ver Slow West es Dead Man, de Jim Jarmusch. En efecto, las dos comparten giros que rozan lo surreal y un fluir pausado salpicado por breves estallidos de violencia, breves porque ocurren a bocajarro, sin tiroteos incesantes ni cabalgatas en travelling. Pero la lentitud y la ensoñación no deben confundirse con aburrimiento ni hermetismo; Maclean sabe muy bien a dónde va, el guión no tiene fisuras y no rellena metraje con vistas panorámicas o meditaciones internas.

Slow West 1

¿Es Slow West una deconstrucción o actualización del género? Desde finales de los 70 y hasta títulos como Sin perdón de Clint Eastwood o, más recientemente, Open Range de Kevin Costner o Appaloosa de Ed Harris se ha empleado mucho la etiqueta “western crepuscular”; la aventura épica tantas veces filmada por John Ford en Monument Valley se oscureció con la violencia y la rapiña, el desencanto y la miseria que también existen en este Nuevo Mundo (impresionante la escena en la tienda de provisiones con los emigrantes suecos). Todo eso aparece en Slow West, pero los rasgos violentos, feístas, son el contrapunto al romanticismo inocente, casi diríamos la estupidez salvadora, de nuestro imberbe héroe. A Jay le roban el caballo, la maleta y hasta la ropa, le engañan y le hieren, pero sigue persiguiendo su objetivo sin vacilar. Y Silas, exbandido, ladrón y asesino, descubrirá que su recompensa final no es la que esperaba hallar. Slow West puede leerse como una fábula moderna, con un clímax final espléndidamente coreografiado y uno de los villanos más logrados del cine reciente (Ben Mendelsohn, Lost River, Exodus). Una película muy recomendable.

Slow West 2

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Marc Sanchís

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