‘(no) es mi tipo’, diferencias de clase

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Jennifer es peluquera, madre soltera, fan de Jennifer Aniston y los fines de semana canta karaoke en una discoteca del extrarradio. Clément es profesor de filosofía, parisino hasta la médula y alérgico al compromiso, forzado a aceptar un puesto en un instituto de provincias. Un día va a cortarse el pelo y le atiende Jennifer. Ella es vivaz y parlanchina, él sobrio y estirado. De la relación que surge entre estos dos polos radicalmente opuestos trata (no) Es mi tipo, producción franco-belga estrenada con un año de retraso, aunque en esta ocasión bien vale aquello de más tarde que nunca.
(no) Es mi tipo es una comedia dramática, “comedia sin risas” dicen los americanos, sin chistes ni brocha gorda. Jennifer no es una simplona ni Clément un cretino integral. Pero ella disfruta con los espejuelos de la sala de fiestas poligonera mientras él escapa a París a sus clubs exclusivos con champán. Jennifer, resabiada con los hombres, no cae a la primera de cambio, pero una vez liados ambos intentarán transformar al otro y las fricciones resultarán inevitables.

(no) es mi tipo
Esta historia de “chico-conoce-chica” está narrada con tacto y ligereza, los actores Emilie Dequenne y Loïc Corbery establecen una química enternecedora y creíble, oponiendo la vitalidad expansiva y hortera de Jennifer al seco intelectualismo de Clément: lo malo es que en esta batalla de caracteres sólo puede haber un vencedor… o ninguno. Porque estamos en el mundo real, donde no siempre resulta fácil hacer concesiones o reconocer los propios errores; desde luego, no esperéis nada al estilo Pretty Woman… o al estilo Jennifer Aniston.
En Barcelona al menos, esta película finamente realizada por el director belga Lukas Belvaux se publicita con esos carteles pequeñitos que se fijan en las puertas de las tiendas, al lado del programa de fiestas del barrio y los anuncios ofreciendo pintores o señoras de la limpieza; con esto queremos decir que no le auguramos un largo recorrido por las pantallas. Y sería una lástima perdérsela.

Sobre el autor del artículo

Marc Sanchís

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