‘Lejos de los Hombres’: el Desierto del Alma

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Es 1954. Argelia. En un rincón remoto de las montañas desérticas, Daru (Viggo Mortensen) da clases a los niños en una escuelita que es además su casa. Mientras les enseña los nombres de los ríos de Francia, ya se respira en el ambiente la incipiente lucha contra la potencia colonial. Un día Daru recibe el encargo de escoltar a Mohamed (Reda Kateb) a la ciudad más cercana para ser juzgado por asesinato. No hay policía y los escasos europeos, diseminados por un territorio tan vasto, deben agruparse y proteger sus granjas. Daru acepta muy a regañadientes puesto que, además de tener que abandonar a sus alumnos, deberá impedir que los familiares de la víctima de Mohamed le capturen para vengarse. Y así parten los dos a través de un paisaje cuasi lunar, con la única protección de una escopeta y debiendo atravesar una región donde va a estallar una guerra.

Lejos de los Hombres, estrenada en 2014, segundo largo de David Oelhoffen, adapta un relato corto de Albert Camus. Camus había nacido en Argel de padres franceses y fue muy crítico con el trato que Francia dio a Argelia. Hoy sabemos que 1954 fue el primer año de un conflicto que se prolongó hasta 1962 y que acabaría con la independencia del país y la expulsión traumática de los colonos, los llamados pieds-noirs. El título del film no alude únicamente a la soledad física (muy real) de los protagonistas sino también a su aislamiento personal; Daru fue militar antes que maestro y no esperaba tener que contemplar otra guerra, menos aún el país que ama y siente como suyo; no es ningún colono explotador y no duda en enfrentarse a sus compatriotas a riesgo de quedar marginado. En cuanto a Mohamed, es un paria por partida doble, respecto a los franceses por ser árabe y respecto a su pueblo por ser un proscrito.
Lejos de los Hombres es una película honesta y bienintencionada sin caer nunca en el sentimentalismo. Se apoya sobretodo en el excelente trabajo de Mortensen y Kateb, auténticos maestros del underacting, de hablar poco y mirar (y mirarse) lo justo y aún así transmitir una compleja gama de emociones. Por supuesto que no hablamos de una buddy movie, pero Daru y Mohamed llegarán a conocerse y a apreciarse a base de enfrentarse, como en todo viaje iniciático, a una serie de pruebas decisivas (la tormenta en el desierto, la escaramuza con el árabe, la aparición de los guerrilleros, habrá incluso hasta sexo iniciático). La única concesión a la espectacularidad es la escena de lucha con las tropas francesas en las cuevas, pero por lo demás la película tiene un devenir quieto, adusto.
Humanista, conciliadora… estos adjetivos también pueden aplicarse a Lejos de los Hombres, y es difícil no comulgar con su mensaje, pero en esta nuestra era del terrorismo integrista, de la pateras y los millones de refugiados, la peripecia de Daru y Mohamed se antoja algo lejana y esquemática; el mero hecho de afirmar que la película se ve con agrado hace que nos preguntemos si no nos han contado una lección moral indiscutible y cierta pero acartonada.

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Sobre el autor del artículo

Marc Sanchís

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