“Elle”: mujer en sombras

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El cartel de Elle nos recuerda que Robocop, Instinto básico, Desafío total y Showgirls también son de Paul Verhoeven, cineasta neerlandés largo tiempo afincado en Estados Unidos que recaló en Francia para llevar a cabo este proyecto. Porque Elle, retorno de Verhoeven a las salas tras diez años, es demasiado sórdida para el paladar norteamericano. Y no tiene nada que ver con los títulos antes referidos, pertenecientes a su etapa como confiable realizador mainstream en Hollywood, aunque Verhoeven jamás pergeñó taquillazos pomposos al estilo de –por citar a otros emigrados europeos- Roland Emmerich o Wolfgang Petersen.

Michèle LeBlanc (fabulosa, poliédrica Isabelle Huppert, en la cima de su talento interpretativo tras cuatro décadas de carrera) es una cincuentona que se maneja con idéntica frialdad dirigiendo su empresa que en su complicada vida doméstica y sus abruptos encuentros amorosos. Un día es asaltada y violada en casa, pero el terrible suceso no modifica un ápice ese carácter distante e inflexible; de hecho, se niega a ir a la policía e inicia un juego del gato y el ratón con su misterioso atacante…

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Dentro de la filmografía de Verhoeven, Elle ha sido comparada con Instinto básico por el contenido sexual, pero Instinto básico era un policíaco con -leves- toques eróticos mientras que Elle es una carga de profundidad sobre la decadencia de la institución familiar y la futilidad de las relaciones humanas en esta época de satisfacciones inmediatas, que nos convierte en predadores egoístas más o menos disfuncionales. Verhoeven, que a pesar de sus éxitos americanos nunca renunció a un punto de provocación, bebe aquí de las sátiras surrealistas de un Luis Buñuel en “El discreto encanto de la burguesía” o un Marco Ferreri en La grande Bouffe, películas realizadas cuando Europa –y Occidente en general- empezó a darse cuenta de lo gorda y anquilosada y pagada de sí misma que se había vuelto.

Elle es una película retorcida en el sentido interesante del término, nada truculenta a pesar de la publicidad que se le ha dado, la historia de un vacío sobrellevado a base de perversiones y mezquindades, en un precario equilibrio que puede perderse en cualquier instante. O sea, rabiosamente actual.

Sobre el autor del artículo

Marc Sanchís

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