‘Altamira’, una historia muy antigua

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En todos los aspectos de la vida y en todos los tiempos ha de haber siempre precursores, aunque  muchas veces sufren por la incomprensión de la sociedad, la vida de estos hombres suele ser la historia de una lucha en pos de conseguir que se reconozca su valía. Hablaremos de uno de estos hombres, pero antes para meternos en contexto hagamos un ejercicio de imaginación.

 

Visita de científicos a la Naocueva de Altamira © Andrés Fernández

Remontémonos a hace aproximadamente unos 35000 años; nuestros antepasados ya eran homo sapiens como nosotros, pero aún no habían aprendido a vivir en poblados, se protegían del frío viviendo en grupos al abrigo de las cuevas. Estamos en Cantabria, en una de estas cuevas, un hombre permanece pensativo con la vista perdida en la pared, sentado ante los restos de una hoguera recuerda una manada de bisontes que vio cerca del campamento hace unos días. La prominencia de una roca le recuerda el vientre abultado de uno de los bisontes, sin pensarlo mucho se levanta con un carbón en la mano y traza una línea siguiendo el contorno de la roca, a esa línea le sigue otra y a esa otra y después tomando un barro ocre traza manchas de color. Sus compañeros sorprendidos reconocen en la abstracción de esas líneas y manchas la figura del bisonte que desean cazar. Asistimos así al nacimiento del arte.

Avancemos ahora en el tiempo, los hombres abandonaron la vida en las cuevas para formar poblados que con el tiempo se convertirían en pueblos y ciudades, y nadie se preguntaba por el origen de los primeros hombres pues la Biblia decía bien claro que Dios mismo había creado a Adán y Eva junto con el resto de las criaturas. Oponerse a la Biblia era oponerse al mismo Dios y por tanto a toda la legalidad. Pero los tiempos siguen avanzando y surgen los científicos a la par que la Iglesia pierde poder y las ideas evolucionistas de un tal Darwin van despuntando.

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Volvamos a Cantabria, es el año 1879 y un hombre pasea por los terrenos lindantes a su casa en compañía de su hija de 9 años, de repente el hombre no ve a la niña, que jugando se ha escondido en una de las cuevas que hay por la zona. La niña le cuenta que ha visto unos dibujos en la cueva, el hombre le sigue la corriente y entra a verlas. El hombre es don Marcelino Sanz de Sautuola, que junto a su hija María, acaba de descubrir las pinturas rupestres de las cuevas de Altamira.

Don Marcelino era aficionado a la arqueología y a la prehistoria y pronto se da cuenta de la importancia de su hallazgo, pero la ciencia de la época era muy reacia a admitir la posibilidad de que el hombre del Paleolítico Superior tuviera la inteligencia suficiente para cualquier ejercicio artístico, así que se negaron a admitir como verídico el descubrimiento de Sautuola, tachándolo de crédulo e incluso de farsante. La máxima autoridad en la prehistoria en aquella época era el prehistoriador Emile de Carthailac, que negó en absoluto la autenticidad de las pinturas. La Iglesia también se le echó encima al pobre don Marcelino que contó con muy pocos, aunque fieles apoyos en la que fue la batalla de su vida, que se reconociera la veracidad de su descubrimiento.

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Lo cierto es que Marcelino Sanz de Sautuola falleció en 1888 sin que nadie reconociera las pinturas de Altamira como auténticos vestigios del Paleolítico, pero en los años posteriores a su muerte L. Chirot descubrió la cueva de Charot en la región del Gard y Émile Rivière la Cueva de la Mouthe en Dordoña, ambas con pinturas similares a las de Altamira.

En el año 1902 por fin Carthaillac se dignó a visitar Altamira y tras hacerlo publicó un artículo en la prestigiosa revista L´antropologie titulado “Mea culpa de un escéptico” en la que afirmaba “es preciso inclinarse ante la realidad de un hecho, y yo debo en conciencia, pedir perdón a Don Marcelino Sanz de Sautuola”. Altamira es considerada desde entonces la catedral del arte paleolítico.

Esta es la historia que el director Hugh Hudson  (Carros de Fuego) se ha decidido a contarnos con su película Altamira, eligiendo como protagonista que interpretará a don Marcelino al actor Antonio Banderas, acompañado de un importante reparto integrado entre otros por Rupert Everett, la niña Allegra Allen, Golshifteh Farahani, Clèment Sibony, Nichholas Farrell  y Henry Goodman.

Se trata de una producción hispano-francesa rodada en inglés que utiliza las localizaciones reales de Cantabria. El guión está escrito por Jose Luis López Linares y Olivia Hetreed, mientras que otro de los alicientes de la cinta, que se estrenará en España en el mes de abril es la composición de la música por Mark Knopler y Evelyn Glennie.

En definitiva un biopic con drama y pasión que nos narra la historia de un precursor.

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Ana Rebón
Ana Rebón

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