Costa-Gavras: Introspección Política

C

Quizá, mi cine habla directamente del mundo político y de una manera que no se había visto antes, no verdaderamente analítica sino en el plano de la emoción que se provoca, y ¿por qué? Porque yo creo que estamos hechos de razón y de emoción, y que el desequilibrio de una y otra hace que seamos diferentes o no. La política se debe a la emoción, no a la razón, y cuando es la razón lo que predomina, entonces, se está lejos de la política. Yo creo que mis películas intentan tener las dos, la razón y la emoción”.

Costa-Gavras

 

En esta cita del director de origen griego percibimos la clave para entender por qué sus obra son consideradas el exponente más célebre de lo que se conoce como cine político. El contenido y el enfoque de sus películas consiguen un impacto emocional extraordinario en tanto que se construyen bajo un discurso de validez universal. Su visión, su espíritu constructivo, se halla repleta de emociones que conducen al espectador a una profunda reflexión. Es indudablemente preciso entender que no proyecta escenarios insalvables, sino que reivindica la resolución de un mecanismo fallido que provoca injusticias.

En este sentido, debemos subrayar el concepto de progreso ético y político que otorga a sus films una increíble naturaleza constructiva. No cabe duda de que la intención de las obras de Costa-Gavras es transmitir al público un planteamiento político explícito. La cuestión está en que se propone, deliberadamente, tratar la política como una materia dramática. Para el director, el contenido del cine político está relacionado con las preocupaciones de orden contemporáneo. Sin embargo, pese a que sus películas poseen desenlaces negativos, la esperanza siempre está representada en la victoria moral de sus protagonistas.Costa-Gavras política

Costa-Gavras ha conseguido la difícil tarea de convertir el cine en un “arte de sensibilización” ante una preocupante realidad histórica. En una ocasión, el cineasta declaraba: No sé si puedes cambiar políticamente a la gente con una película, pero puedes empezar una discusión política. Claramente, con sus obras cinematográficas lo ha logrado. Pues ante todo, los conflictos que plantea alcanzan los sentimientos del espectador. En definitiva, su filmografía constituye una obra maestra donde las imágenes y la narración que las acompañan hacen que el público acabe completamente implicado en los problemas políticos y morales denunciados.

Su primera película, por ejemplo, Los Raíles del crimen (1965), basada en la novela escrita por Sébastien Japrisot, es un thriller de misterio sobre un asesinato en un tren; seis pasajeros se ven envueltos en la extraña situación de encontrar el cuerpo de una mujer muerta al llegar a su destino; la policía investiga el caso, sospechando de cada uno de los pasajeros, pero entonces ellos, uno a uno, comienzan a ser asesinados. ¿Qué vincula a los involucrados? y ¿cuál es la causa de los fallecimientos? son sólo algunas interrogantes que surgen en la mente del espectador.

Tal proyecto, previo a la película Z (1969),  drama político sobre el asesinato de un líder de izquierda, encubierto por las autoridades y disfrazado como un accidente, es, junto con el resto de la filmografía de este director, ejemplo de historias complejas trazadas bajo una perspectiva que invita a la reflexión: ¿qué motiva a los personajes? y ¿cómo justificar juzgarlos o etiquetarles como personas buenas o malas si su realidad, opinión, perspectiva y lógica obedecen a las experiencias de su propia formación? La complejidad recae en que su juicio es verdadero para esos personajes de acuerdo con las circunstancias que les toca vivir; el espectador no puede simplemente verlos como un calificativo unidimensional y banal, porque la gente, en la vida real, tampoco lo es.Costa-Gavras política

Las temáticas de las películas de Costa-Gavras han creado (o crearon en su momento) cierta crítica hacia él, acusándolo con severidad sobre un supuesto favoritismo ante posturas e ideologías políticas y/o levantando falsedades respecto a otros, pero su trabajo, en la realidad, argumenta un sustento crítico y objetivo, más de lo que en la superficie pudiera parecer, ofreciendo una visión descriptiva y de denuncia de los contextos sociales, levantando preguntas y propiciando reflexiones ante la realidad que rodea esas mismas corrientes de pensamiento, incluyendo y subrayando aquellas fallas que les envuelven. Películas como Desaparecido (1982), El cuarto poder (1997), Estado de sitio (1972), Amén (2002), El Capital 2012), La confesión (1970) o Music box (1989), por mencionar algunos ejemplos.

Abordando principalmente temas políticos, sobre la injusticia, el autoritarismo, las leyes, la opresión, la violencia, el poder burocrático, o la forma en que la sociedad se corroe a sí misma, las películas de Costa-Gavras son una forma de entender comportamientos para identificar errores, de actitud y de organización, para acercarse a la esencia del ser humano, para explorar la miseria de su existencia en un mundo donde el miedo y el control son una constante. Son también ejemplo del espíritu de lucha y liberación que caracterizan al hombre ante las injusticias que observa, que vive, que siente, siempre abiertos, si se decide pelear, al cambio, a la denuncia, a la crítica y a la rebelión.

El director, con sus historias, refleja una serie de problemáticas sociales y realidades imperfectas, tal cual el mundo y el hombre son, ofreciendo, con su trabajo, una mirada detallada y atenta de las vicisitudes que ocurren en diferentes regiones y países a lo largo y ancho del mundo. Proyectos significativos, relevantes y trascendentes que combinan acertadamente discurso crítico, narrativa ágil y construcción fílmica intrigante, sacando provecho de la mejor manera de las posibilidades que el arte cinematográfico ofrece, tanto para aquellos dedicados al cine como para quienes tienen el interés de acercarse a él.Costa-Gavras política

¿Qué queda entonces del cine político?

El más grande cine de agitación que se haya hecho nunca: la agitación ya no emana de una toma de conciencia, sino que consiste en “poner todo en trance”, el pueblo y el poder, y también la cámara misma, empujar todo a la aberración, para comunicar las violencias entre sí tanto como para hacer pasar el asunto privado a lo político, y el asunto político a lo privado. Es preciso que el cine, particularmente el político, participe en esta tarea: no dirigirse a un pueblo supuesto, sino contribuir a la invención de un nuevo pueblo.

En el momento en que el poder,  los políticos de turno proclaman “nunca hubo pueblo aquí”, el pueblo que falta es un devenir, se inventa, en los suburbios, en los campos de concentración, en la marginalidad, en las asambleas populares, en los ghettos, con nuevas condiciones de lucha a las que un cine necesariamente político debe contribuir.

Sobre el autor del artículo

Jesús Reyes
Jesús Reyes

Mexicano apasionado por el cine; desde Bergman hasta Tarantino, abarcando temas de cine de culto, comercial y experimental.

Añade un comentario nuevo