‘El infiltrado’, los espías ya no surgen del frío

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El infiltrado (The Night Manager en su título original) es una miniserie británica de 6 episodios que emite la plataforma AMC. Está basada en una novela de John Le Carré quien, como Ian Fleming (autor de James Bond) fue espía antes que escritor. Cuando terminó la Guerra Fría que le proporcionaba el material literario, Le Carré tuvo que reinventarse y su primera obra tras ese período fue precisamente The Night manager, cuyo argumento ha sido actualizado para la adaptación televisiva, que arranca en la plaza Tahrir de El Cairo durante las revueltas de 2011 que dieron origen a la llamada primavera árabe.
Jonathan Pine (Tom Hiddleston, que figura en la muy breve lista para sustituir a Daniel Craig como 007) es un excombatiente en Iraq que se ha retirado del mundo como portero de noche en un hotel. Tras acceder por azar a una documentación muy sensible, Pine será contactado por la inteligencia británica para infiltrarse en el círculo íntimo del magnate y aparente filántropo Richard Roper (Hugh Laurie, House, Los amigos de Peter) que en realidad es un traficante internacional de armas.
Laurie ha declarado que siempre deseó interpretar a un villano, tras décadas como actor cómico y, sobre todo, tras 176 episodios en la piel del excéntrico doctor House, y cabe decir que supera el reto con nota; su Richard Roper es un compendio de cinismo y maldad expresados en apenas un gesto o una mirada fulminante. El infiltrado no es una revisitación del género clásico de espías al estilo de otras series actuales como Deutschland 83 o The Americans; se trata más bien de la desintegración de un clan cuasi familiar a causa de los celos, las mentiras y, claro está, el saberse perseguidos en todo momento.
Es aquí donde la elección de la danesa Susanne Bier como directora cobra sentido; ganadora del Oscar a la mejor película extranjera en 2011 por En un mundo mejor y vinculada en sus comienzos al movimiento Dogma de Lars von Trier, Bier es una retratista precisa de la pareja y la fragilidad de los sentimientos enfrentados a la presión social, como muestran la excelente Después de la boda y su primera incursión en Hollywood, Cosas que perdimos en el fuego. Roper es un criminal 2.0, no un mafioso a lo Soprano o Corleone, y los problemas de su novia o de su socio homosexual, que se verá paulatinamente eclipsado por el nuevo favorito Jonathan, reciben la misma atención que los tejemanejes en las altas esferas de los servicios secretos. Y, de acuerdo a como suceden las cosas en estos mundos tan exclusivos, la gente no va pegando tiros por ahí.
En suma, hablamos de una buena serie, con tensión, traiciones y dobles juegos, pero mostrado todo con mesura, sin violencias innecesarias. Y es que la perversidad en nuestro siglo XXI puede acechar en un clic, la firma de un testaferro o un fichero descargado desde el móvil.

Sobre el autor del artículo

Marc Sanchís

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