Alegoría sincera a la saga Rocky

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La vida de Rocky discurre de forma paralela a la de muchos actuales veteranos, y aunque utilicemos únicamente el masculino, no por ello habría que dejar de lado a un amplio sector femenino que también haya podido seguir su camino cinematográfico. Aparte de los datos cronológicos y resúmenes, no se leen muchos comentarios asépticos acerca de esta interminable saga, dentro de lo doméstico; fuera del país es otro cantar.

Parece que escribir o plantear algún tipo de filosofía sobre este personaje es algo que raye lo innecesario por falta de contenido intelectual. No podemos ser sinceros con los demás si no podemos ser sinceros con nosotros mismos, y aunque película a película sea difícil asignar puntuaciones parecidas, sí es cierto que, visto en conjunto, merece una crítica positiva. Eso es lo que les sucede a algunos de los que se han realizado, a lo largo de la vida, de forma pareja a Rocky. No nos hemos dado cuenta de ello, hasta que ya por fin ha madurado, se ha convertido en un master, y finalmente ha enfermado. Han tenido que pasar casi cuarenta años para que por fin se nos ablande el corazón, y veamos a Rocky como un protagonista normal y excepcional de su propia vida, la vida de todos. Ya no nos da vergüenza reconocer que la vida de cualquiera, aunque se trate de un vulgar boxeador crecido por su recreación de campeón, y venido abajo por la crudeza de la vida, puede ser interesante y amablemente admitida como analizable y opinable.

Y todo esto que queremos comprender y asumir, es mucho más fácil de conseguirlo si nos olvidamos por completo del que ha sido su promotor, mentor y protagonista de carne y hueso, Sylvester Stallone, cuyas demás películas y, vida y milagros reales, no nos interesan en esta sede.

rocky

Es posible que Rocky, como muchos veteranos, ya no pueda competir con las nuevas tendencias globales, y forzosa e inteligentemente haya evolucionado hacia un nuevo personaje, en consonancia con las temáticas más actuales, y con un potencial de llegada más amplio. O quizá, se haya desdoblado en dos personajes, aumentando el espectro de la edad de los espectadores, el joven Creed (Michael B. Jordan) con el futuro por delante, y el maestro Rocky con una mochila cargada de experiencia.

No se trata en resumen de menospreciar ni vanagloriar la trayectoria de Rocky, sino de entender porque su historia se nos hace ahora comprensiblemente interesante y agradable, después de tantos mamporros vistos en sus películas. Han pasado de tener una carga basada en la consecución del éxito a base de golpes y de peleas, pero con una subyacente apoteosis al esfuerzo, que podría extrapolarse a cualquier ámbito de la vida, hasta llegar a una madurez sencilla y sin pretensiones, consciente de poseer una capacidad intelectual limitada pero sincera.

 

Sobre el autor del artículo

José Ramón Vozmediano

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